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Mostrando entradas de junio, 2015

Como una música lejana pero reconocible (1ª parte)

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«Amo todo esto, tal vez porque no tenga otra cosa que amar -o tal vez, también, porque nada hay que valga el amor de un alma, y, si tenemos que darlo por sentimiento, tanto vale darlo al pequeño aspecto de mi tintero como a la gran indiferencia de las estrellas.»
Fernando Pessoa, El libro del desasosiego

Es sabido que unas veces debido a las circunstancias, y otras veces a las propias limitaciones, uno no escribe lo que quiere sino lo que puede. En numerosas ocasiones, durante las presentaciones de mis libros, siempre hay alguien entre el público que le pregunta a uno cuándo va a publicar una novela, como si fuese posible cambiar una especie de microchip alojado en nuestra cabeza y reprogramar todas nuestras habilidades tan fácilmente.

De poder escoger, a uno le hubiese gustado dar a la imprenta un tipo de libro singular y extraño, con ese desorden anárquico que poseen las anotaciones improvisadas, con su aparente falta de continuidad y de coherencia interna, con su tara de manuscri…

La influencia de la literatura

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«Durante cuatro siglos, los lectores de ficción en prosa hemos sido hijos de ese licenciado: durante cuatro siglos hemos suspendido la consabida incredulidad, nos hemos dejado secuestrar por un mundo donde los perros hablan, y al final hemos salido al mundo real trayendo con nosotros mercancías que nunca hemos sabido justificar demasiado bien, transformados de alguna manera pero sin saber explicarnos esa transformación.»
Juan Gabriel Vázquez, El arte de la distorsión


Resulta muy difícil imaginar cómo sería nuestra percepción del mundo sin todos aquellos libros que hemos leído, sin todas esas historias reales o inventadas que llevamos en nuestro equipaje de experiencias, a menudo sin ser plenamente conscientes de ello.

Marx afirmó que la “infraestructura” determina la “superestructura”, que las condiciones materiales de producción de la sociedad establecen la forma de pensar de los individuos, pero uno no puede dejar de preguntarse qué hubiese sido de nosotros, de nuestra forma de con…

El último partido antes del fin del mundo

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Esta semana presentamos una nueva reseña titulada "El último partido antes del fin del mundo", sobre el libro de Hernán Rivera Letelier, El fantasista, publicada en "Viaje a Ítaca":

"El fantasista relata el último partido de fútbol entre Coya Sur y María Elena, dos oficinas salitreras perdidas en medio del desierto unánime de la pampa chilena. A los habitantes de María Elena -después de que uno de sus administradores norteamericanos le cambiara el nombre de Coya Norte en honor a su esposa fallecida, Mary Helen-, los de Coya Sur les llaman los “Cometierra”, porque una constante nube de polvo se cierne sobre el pueblo debido al funcionamiento de sus molinos de caliche.

A cambio de semejante apelativo, los habitantes de María Elena -también alias “María Polvillo”- llaman a los de Coya Sur los “Comemuertos”, porque es en sus dominios donde se encuentra el único cementerio de la zona, de tal forma que a los “Cometierra” no les queda más remedio que ir a enterrar …

Hoy tengo el cuerpo para una novela negra

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[Llegué a saber de la existencia de Leonardo Padura gracias a una recomendación de Alexis Ravelo en uno de sus talleres literarios. Aquella recomendación fue olvidada en algún pliegue escondido e ingrato de la memoria, pero volvió a resurgir inesperadamente mientras rastreaba anaqueles en una librería de Las Palmas que ya no existe.

Aquel día regresé a casa con varios volúmenes de la serie que Padura tiene sobre su personaje más carismático, el detective Mario Conde. Desde aquel momento hasta ahora he leído todos los libros que ha publicado sobre las peripecias de ese detective -y alguno más que no tiene al Conde como protagonista principal-, los he recomendado a los amigos más cercanos y los he regalado en algunas ocasiones.

Tengo en alta estima la capacidad de Padura para relatar historias de forma atractiva y seductora, para entretener a los lectores como pocos autores de novela negra, para dar credibilidad y profundidad a un personaje que posiblemente ya se haya vuelto emblemático…

El milagro de la perdurabilidad

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«La existencia de un gran escritor es un milagro, el resultado de tantas convergencias fortuitas como las que concurren a la eclosión de una de esas bellezas universales que hacen soñar a toda una generación. Por cada gran escritor, ¡cuántas malas copias tiene que ensayar la naturaleza!»
Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas


En la aparición de un libro paradigmático, uno de esos que poseen la capacidad desbordante de influir en legiones de lectores, confluye una combinación arbitraria de factores que tiene algo de milagro prodigioso, que posee la marca ciega de la perdurabilidad sin saber muy bien por qué.

Quizás por eso, el hecho literario se haya concebido tradicionalmente como una suerte de epifanía gozosa, como un alumbramiento rodeado de un halo de asombro y de misterio que antaño se interpretaba como una dádiva de los dioses.

Cuando se tiene entre las manos uno de esos libros emblemáticos -digamos, por ejemplo, un libro como Cien años de soledad de García Márquez, El mi…